
—¿Dios quiere que tengamos los hijos que él nos mande? —le pregunto.
—No, Dios nos manda responsabilidad. Los hijos que podamos amar, educar, ahí entra la planificación. El animalito no tiene esa responsabilidad. La sexualidad humana no es sólo reproductiva, eso es en lo que es diferente a los animales.
Cruzalta explica que hay vida en todos lados, y que hasta al bañarse se desechan células en las que hay vida humana, pero eso no convierte a nadie en homicida. “Hay vida en una célula, pero una célula no es persona humana. La vida y la persona humana no son sinónimos.”
Ahí encuentra el fraile la diferencia y la solución a la discusión del aborto, en la diferencia entre vida y persona humana. Le molestan quienes aseguran que antes del nacimiento no hay vida, que se trata de una cosa. Cree que hay que valorar y ponderar según la circunstancia. El valor de la vida, finalmente, lo asignan los humanos por medio de la relación afectiva.
—¿En qué momento se es persona humana, entonces? —le pregunto a Cruzalta.
—Ésa es la pregunta más fuerte. Depende de cada mirada, de la mirada de cada uno.
—Por Galia García Palafox
