Carmen Aristegui

La voz de Carmen Aristegui siempre estuvo ahí. Incombustible y paciente. Nunca se cansó de preguntar, de buscar, de entender, de dar pistas. Algunos días se indignó, en otros pareció estar triste y en pocos se mostró animada. Así se le escuchó a través de la radio y la televisión abordar una y otra vez, durante meses y años, el caso de Paulina Ramírez Jacinto, la niña de 13 años, violada en 1999 —y embarazada producto de esa violación—, que pidió el aborto que la ley permitía, pero que las autoridades de salud de Baja California, donde vivía, le negaron.

Le dolió lo que le hicieron a la joven. Le sigue doliendo el abuso y el engaño en contra de quien no pudo decidir con libertad sobre el embarazo. Esto la llevó a comprometerse con su auditorio para darle los suficientes elementos de entendimiento y la difusión periodística necesaria para lograrlo. El caso de Paulina —paradigmático en el periodismo mexicano por la cercanía con que se contó la historia y emblemático para quienes protegen los derechos de las mujeres— sirvió para debatir un asunto tan profundo como los factores de poder que hacen muy difícil, en algunos lugares del país, la pelea por la libertad reproductiva de las mujeres.

“Con lágrimas o sin lágrimas, el caso Paulina tocó muchas conciencias, muchas fibras y ha sido de enorme importancia”, contesta Aristegui después de que le pregunto si lloró con este caso. Sin bajar la voz ni la mirada dice que no, que no derramó una sola lágrima, quizá porque en su trabajo como periodista ha desarrollado un sistema de autocontención que no la deja llevar al aire sus emociones.

—Por Mario Gutiérrez

Posted May 2, 2012 in