Ruy Pérez Tamayo

Pérez Tamayo tiene 87 años de edad, una trayectoria científica de más de medio siglo centrada en la investigación biomédica y diversos libros publicados, como el Diccionario incompleto de bioética. Es un hombre que asegura vivir de acuerdo con sus convicciones. Sus padres —un violinista y un ama de casa, ambos de origen yucateco— no lo educaron en religión alguna, tampoco fue bautizado y al crecer abrazó el agnosticismo.

Nunca, dice el también autor de Ética médica laica, ha siquiera atisbado la existencia del alma en alguno de los muchos experimentos u observaciones empíricas que realizó como jefe de diversos laboratorios en los institutos de Investigaciones Biomédicas, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. Cuando se le pregunta qué diferencia, entonces, al ser humano de los animales, ríe complacido y responde: “La diferencia es de grado: nosotros tenemos un nivel de conciencia superior al de los antropoides, los homínidos, los monos”.

El doctor en inmunología, experto en organismos simples como los virus y las bacterias, está convencido de que el ser humano empieza cuando el individuo tiene conciencia de su existencia, esto es, cuando se activan las funciones de la corteza cerebral, la capa más superficial del cerebro, relacionadas con la percepción, la imaginación, el pensamiento, la decisión y el juicio.

Ese momento inaugural de la corteza cerebral ocurre hacia las 20 o las 22 semanas de gestación.

Con su impecable bata blanca, Pérez Tamayo se permite un momento de sarcasmo para refutar la tesis conservadora que sostiene que cuando se unen los gametos femenino y masculino hay un ser humano en potencia: “Eso es mucho optimismo; aun en los embarazos más perfectos hay un índice de pérdida de dos terceras partes, y entonces la potencia resultó ser impotencia”.

—Por Antonio Bertrán

Posted April 23, 2012 in