
La postura del PAN, como se esperaba, fue de rechazo a la iniciativa de reforma. De alguna manera, al jefe de Gobierno le gustaba la definición que este debate le brindaba: “Que quede clara una diferenciación entre derecha e izquierda, de eso se trata —dice—. Queremos ganar elecciones sin crear polémica, y así casi no podemos tomar decisiones. Es un mimetismo”.
El debate se polarizaba cada vez más, pero las encuestas indicaban que la mayoría de los capitalinos apoyaba el derecho de la mujer a decidir. “Las mujeres de clase media popular de 40 [años] en adelante no simpatizan con esta idea. Las mujeres más jóvenes, digamos de 18 a 35, claramente apoyan la medida […] [y entre los hombres] hay un apoyo mayor.”
“La decisión de la [Suprema] Corte fue muy valiente, tuvieron mucha presión. Todo mundo les habló, los fueron a ver […] Fue un debate muy interesante”, dice Ebrard casi cuatro años después y confiesa que durante los meses de discusiones en la Suprema Corte, nada era seguro. “Imagínate que la Corte hubiera votado en contra, hubiera sido espantoso, pero por fin ya lo sacamos.”
—Por Galia García Palafox
