Patricia Mercado

En los años ochenta, Mercado, entonces integrante de Mujeres Trabajadoras Unidas, colaboró con el Sindicato de Dina-Renault y con las mujeres en las maquiladoras de Ciudad Juárez. La idea era que con un mejor salario para las mujeres tendrían mayor independencia, y la organización iría jalando a otras mujeres en la defensa de sus reivindicaciones.

“Estábamos dispuestas a caminar por las calles, nos acercábamos a las fábricas. En 1985 empezamos a reunir a los diferentes grupos de costureras al campamento de San Antonio Abad. Ahí se cayeron muchas fábricas.” Con la tragedia quedó al descubierto el modelo de explotación a destajo de las empleadas del sector textil y del vestido. Al reclamo de indemnizaciones y recontrataciones justas, seguridad social y salario digno se añadió la defensa del derecho al aborto y a la diversidad sexual. “El movimiento feminista, que siempre ha sido muy capacitador, construyendo conciencia, autoestima, se ligó a uno social, de masas, como es el movimiento sindical”, dice Mercado.

En los talleres de formación política, las costureras asumían sus nuevas banderas con una frase que después sería retomada por las líderes feministas: “En el amor y en la guerra, todo se vale”.

Es la etapa en la que se da un salto “entre la liga que hay entre el movimiento feminista y los sectores populares. Es en los años ochenta, cuando se masifica la plataforma feminista”. Y también hay un salto personal. Mercado venía de una militancia política radical como responsable del trabajo con mujeres vinculadas al trotskismo, en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), al que ingresó en 1981.

Pero la experiencia con el Sindicato de Costureras 19 de Septiembre, del que era consejera de Trabajo, sepultó la visión de que lo único valioso era considerarse y proceder como revolucionaria. Y en 1988 dejó las filas del PRT para trabajar como reformista: ir por muchos pequeños cambios.

—Por Ivonne Melgar

Posted April 24, 2012 in