
María Consuelo dirige Católicas desde su fundación. “Ya casi estoy como el papa, llevo más de 15 años”, dice riendo.
“Los evangelios fueron escritos por hombres en una cultura patriarcal y misógina, pero aunque Jesucristo no se refiere directamente a las mujeres, en su vida les dio un lugar muy importante: es a ellas a quienes se aparece cuando resucita, por ejemplo —dice—. Lo que es inadmisible para la jerarquía católica machista es que las mujeres podamos ejercer la autonomía, menos aun en una cuestión tan seria como dar la vida o quitarla.”
Además de que, dice, campea la idea de que las mujeres existen sólo para ser madres, por lo que si se evade o elimina esta posibilidad se convierten en personas peligrosas que tienen sexo por placer y son dueñas de sus libertades. “Eso es impensable.”
En su disertación dice que la religión católica no es homogénea, que la tradición y la doctrina hablan de un valor fundamental: la libertad de conciencia como base de la dignidad humana. “Esto es lo central para nosotras, porque hasta Juan Pablo II decía que quien no siga los dictados de su conciencia no puede responsabilizarse de sus actos.”
—Por Antonio Bertrán
